Había girado la perilla del caño de la cocina y sin darme cuenta comenzó a salir cantidades exuberantes de agua, las cuales inundaron todo mi recinto… había agua por todos lados, cuando mi hermano vio me dijo -ahora si te van a matar- en efecto, pero como todo tiene solución trate de arreglarlo, use un corcho para poder toponear el agujero, pero cuando golpee con el martillo, se partió la cañería en eso una palabra salió de entre mis labios –mierda- era mi final, el agua invadía toda la cocina y me quede atónito mirando el martillo en mi mano, como un acecino después de matar a una persona.
El agua comenzó a alcanzar una altura respetable y no me quedo más remedio que agarrar mi lavadora y navegar en ella, todo desde arriba se veía mejor, me sentía como en el gran diluvio a excepción que no tenía todo un zoológico dentro de mi embarcación. Mientras el día pasaba y me preguntaba que iba a comer entre todo el mar vi a un conocido, era el capitán Ajab que incapaz de atrapar a su presa se resignaba a cojear con su pierna de palo.
Festejando junto con el me contaba sus aventuras y como es así que llego a perder la pierna, trágico pero enfermizo resulto. Me fui muy feliz, con el estomago lleno y unos recuerdos de su barco, seguía navegando en mi pequeña lavadora de no se cuantos kilos, para mi buena suerte una sirena se acerco, pensé que eran mas bonitas lo que me llamo la atención fueron las dos cucharas que tenia en las manos y el topless que me mostraba, ella me guio hasta una cascada, ahí me pregunte pero y como voy a subir, la sirena me dijo que la cascada no bajaba, sino que subía, siguiendo sus consejos reme como loco, al llegar arriba que encontré … pues mas agua ¬¬ y a lo lejos veía alejarse ala sirena que se reía pícaramente.
Nunca llegue a reparar mi caño y tuve que llamar a un fontanero, ahora se lo difícil que es encontrar uno, las paginas amarillas no te ayudan.